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Zonas de sacrificio frente al coronavirus: La vulnerabilidad de quienes viven en ciudades contaminadas 

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La pandemia del coronavirus en el mundo ha provocado gran preocupación no sólo por la gran expansión de contagios, sino también por los altos índices de mortalidad que alcanza en la población con enfermedades de base.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el el Covid-19 en algunos pacientes puede tener mayores consecuencias que en otros. Los ancianos y quienes padecen ciertas enfermedades, por ejemplo. Además, patologías como presión arterial alta, enfermedades cardíacas o diabetes agravan la situación.

Junto con ello, un análisis sobre los primeros 99 pacientes del coronavirus en Wuhan – publicado en enero por la revista médica The Lancet-, indica que la mayoría de ellos tenía otras enfermedades que pueden haberlos hecho más vulnerables al virus. Lo anterior como “resultado de sus funciones inmunes más débiles”.

Otro estudio, publicado por la revista Springer Nature en marzo, estableció que “los casos con enfermedades cardiovasculares tienen un riesgo significativamente mayor de muerte cuando contraen el coronavirus”.

Este análisis concluyó que “los predictores de un desenlace fatal en los casos de Covid-19 incluyeron la edad; la presencia de enfermedades subyacentes; la presencia de infecciones secundarias, e indicadores inflamatorios elevados en la sangre”. 

Tal como lo indican estos estudios realizados a pacientes con coronavirus, ha sido determinante la preexistencia de enfermedades cardíacas, pulmonares y cánceres que han significado un mayor riesgo de muerte para estos pacientes.

Zonas de sacrificio se enfrentan al coronavirus

Ahora bien, esta preexistencia de enfermedades respiratorias y cardíacas también se relaciona con la contaminación del aire; la cual en Chile es responsable de 4 mil muertes prematuras anuales.

Además de lo anterior, estas mismas enfermedades causadas en parte por la contaminación atmosférica, encuentran su peak durante el mes de invierno. Entre otras razones, producto de la mala ventilación y el alto consumo de combustible para calefacción)- 

Mucho se ha dicho de la mejora en la calidad del aire de Santiago producto de la medida de cuarentena. Y es que se ha comprobado una reducción de los índices de NOX (54% disminución) y de MP2,5 (38% de disminución) asociado a un menor movimiento de automóviles.

Sin embargo, el centralismo pareciera dejar de lado el resto del país. Sobre todo aquellas zonas donde funcionan grandes centrales termoeléctricas a carbón. También aquellas ciudades donde el problema del uso de leña se acerca cada vez más a medida que se acerca el invierno.

En el caso de las Zonas de Sacrificio – Huasco, Tocopilla, Puchuncaví, Mejillones– se encuentran 26 termoeléctricas a carbón. 

Estas plantas exponen, desde hace más de medio siglo, a la población a sufrir graves impactos en la salud cardiovascular y respiratoria. Además de la incidencia de cánceres en adultos.

Exposición a las termoeléctricas

En 2019 un estudio de la Universidad Católica y Chile Sustentable reveló altas tasas de muerte y patologías en comparación con la media nacional en zonas con concentración de termoeléctricas a carbón.

Se descubrió, por ejemplo, que el riesgo de morir por una enfermedad cerebrovascular en Huasco es 281% mayor que el promedio nacional.

Asimismo, las probabilidades de desarrollar enfermedades crónicas de las vías respiratorias es un 139% más alta. Mientras que la presencia de pacientes con asma es casi cuatro veces mayor que en el resto del país.

En Tocopilla, la situación es similar; el riesgo de fallecer a causa de tumores malignos en tráquea, bronquios y pulmón es 172% mayor. En tanto que las atenciones médicas de pacientes con patologías crónicas de las vías respiratorias y con enfermedades isquémicas del corazón prácticamente duplican a las del promedio nacional.

Superar la crisis por el Covid-19

No es compatible tener mala calidad del aire con el coronavirus, menos en comunas donde no se cuenta con sistemas de salud capacitados para atender pacientes graves.

Evidencia de aquello es que durante la intoxicación masiva en Quintero en agosto 2018, no se atendieron correctamente a los pacientes que repletaron la urgencia del pequeño hospital.

También resulta muy peligrosa la propagación del Covid-19 en las comunas del sur.

En primer lugar, porque el uso de leña  generará, como todos los inviernos, episodios de emergencia o alerta ambiental. Eso sin contar que el contexto de cuarentena implica pasar más tiempo en el hogar con las cocinas/chimeneas prendidas, empeorando la calidad del aire intradomiciliario.

Coronavirus en el aire en suspensión

Hace unas semanas científicos italianos de las universidades de Bari y Bolonia investigaron la relación entre la contaminación del aire y la propagación del coronavirus.

El informe postula que el Covid-19 se aferraría al material particulado 2,5 lo que le permitiría mantenerse en suspensión en el aire hasta por 3 horas pudiendo ser inhalado por una o varias personas tiempo después de haber sido emitido.

Esto podría explicar la asombrosa rapidez de su propagación de la pandemia en áreas urbanas como Wuhan en China; en regiones industrializadas del norte de Italia, y otras grandes ciudades donde se registran altos niveles polución aérea.

Además, detalla que una vez decretada la cuarentena en estas zonas, se redujo considerablemente la contaminación del aire. Pero a la vez disminuyó el número de contagiados. ¿La razón? el virus encontró menos partículas para adherirse y menos receptores.  

Por Misle Sepúlveda y Claudia Contreras, encargada de Comunicaciones y encargada de Proyectos, respectivamente, de Chile Sustentable.

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