Es verano de 2026 y nos encontramos en la Sede del Sindicato de Pescadores S-29, ayer dirigido por Alejandro Castro, defensor de la Bahía, y hoy levantado por más de 300 pescadores cuya vocería la realiza Hugo Poblete. Entre nubes y cientos de veraneantes, se realizó en la sede el Encuentro Abierto titulado “¿Cómo poner fin a los combustibles fósiles? ¿Cómo impulsar una transición justa?”, en el marco de la campaña Chao Combustibles Fósiles, Soberanía Energética Ya!
Quintero, zona de sacrificio emblemática en Chile, vuelve a levantar la voz frente a la crisis ambiental y climática. Uno de los epicentros de la impunidad empresarial que recuerda los episodios de contaminación más fuertes en 2018 que contabilizaron a más de 1500 niñeces intoxicadas. Hoy la realidad no ha cambiado tanto, sólo entre octubre y noviembre de 2025 se registraron más de 200 intoxicaciones en menores de edad. Se siguen cerrando escuelas para que las industrias se mantengan abiertas, pero también la organización entre vecinas y vecinos ha permitido que se avance en materia de restauración, reparación e incidencia territorial.

Es verano de 2026 y nos encontramos en la Sede del Sindicato de Pescadores S-29, ayer dirigido por Alejandro Castro, defensor de la Bahía, y hoy levantado por más de 300 pescadores cuya vocería la realiza Hugo Poblete. Entre nubes y cientos de veraneantes, se realizó en la sede el Encuentro Abierto titulado “¿Cómo poner fin a los combustibles fósiles? ¿Cómo impulsar una transición justa?”, en el marco de la campaña Chao Combustibles Fósiles, Soberanía Energética Ya!
Organizaciones de Quintero, Horcón, Ventanas, Valparaíso y Santiago reflexionaron sobre el impacto de los combustibles fósiles y la posibilidad de avanzar hacia una transición energética justa, con foco en la soberanía territorial y el bienestar de las comunidades.
Para Eduardo Giesen, parte del Colectivo VientoSur y la Campaña Global para exigir Justicia Climática, el encuentro tiene por fin vincular temáticas importantes para el desarrollo local, pero que se alejan del debate diario.
“Lo hacemos con un enfoque de justicia y protagonismo popular. Estas iniciativas buscan traer a los territorios temáticas que muchas veces se manejan en niveles más científicos o de políticas públicas, desvinculada de lógicas comunitarias. Que creemos nosotros que es la manera justicia y apropiada de hacer política. Tiene que ser en base a lo que las comunidades viven y son capaces de sostener en base a su propia organización”
La campaña Chao Combustibles Fósiles, Soberanía Energética YA nace desde el impulso de que Chile pueda unirse al Tratado Sobre Combustibles Fósiles, que tiene a 17 países y pueblos asociados y que en Latinoamérica es liderado por Colombia, a través del presidente Gustavo Petro. Es el segundo hito territorial, siendo el primero en Chiloé, en la Escuela Popular Campesina Curaco de Vélez, para el curso de Ecología Política. En este segundo Encuentro se escogió Quintero por su importancia como uno de los principales epicentros de la contaminación industrial asociada a hidrocarburos y termoeléctricas en el país.
El encuentro partió con un diálogo sobre el uso de combustibles fósiles en Chile y el mundo guiado por Eduardo Giesen, que expuso el aumento sostenido de su producción, los caminos hacia una transición y ejemplos de formas de energías locales. Quien también explicó el enfoque dado a la campaña desde el Colectivo VientoSur y el Movimiento por el Agua y los Territorios.
“Quisimos poner en el centro el concepto de Soberanía Energética, que esté orientada a que los propios territorios puedan satisfacer sus necesidades energéticas con criterios no sólo con criterios de justicia, sino de sustentabilidad, de buen vivir. Si hay posibilidad de compartir la energía que tiene un territorio con otro que lo necesita, también. Pero no sobre la base de maximizar lucro, sino que aumentar la cooperación”.
La actividad finalizó con un Taller de Justicia Climática impartido por la defensora Francisca Fernández Droguett, que enfatizó en las soluciones reales como las primeras en dar cuerpo a las resistencias que se levantan a partir de las organizaciones.
“Si bien hemos hecho muchas cartografías del despojo, hoy nos toca hacer cartografías de las resistencias y esas verdaderas soluciones. ¿Dónde se están haciendo cosas?¿Cuántas cooperativas hay? (…) ¿Cómo pensar la consolidación de economías territoriales? Porque en Quintero había agricultura campesina, era la zona turística de la región, había ganadería. Esa memoria de lo que fue la economía territorial de este espacio es una forma para luchar por una verdadera solución. Nos han naturalizado que esta es una zona de sacrificio”
Las huertas urbanas y la descontaminación por algas fueron dos de las muchas soluciones reales aportadas por las organizaciones presentes. Carola Orellana de Hilacha Roja, colectivo de mujeres bordadoras, recordó una acción tomada en el momento más álgido de las intoxicaciones masivas en 2018.
¿Cómo vamos a tener nuestro huerto si la tierra está contaminada? Y ahí la idea fue huerto en cama elevada. En camas de madera, tierritas de otros lados, aprender a compostar y ahí empezar a enriquecer la tierra y plantar. Son detalles chicos, pero también para restaurar la esperanza. Visibilizar estas verdaderas soluciones que a veces con gestos muy pequeños podemos lograr comenzar a cambiar en conjunto, en cadena.
Así mismo la implementación de las algas como aliadas para descontaminar, puso en el centro la falta de financiamiento a iniciativas, como destacó Justiniano Lagos, desde el Sindicato S29.
“Todo lo que había en el mar nos causó preocupación, porque nosotros consumimos constantemente mariscos y eso nos enferma. Si una persona de Santiago se come una o cinco jaivas en el mes, nosotros nos comemos 300 al año, quizás más”
“Plantamos las algas pardas y han dado resultado, huiro canutillo, nos enseñaron que en las hojas estaban los soros, que eran los huevos y que había que picarlos. Estuvimos en la Universidad Católica de Valparaíso y nos enseñaron a reproducirlas. Y captó metales pesados pero a las empresas no les convenía que hubieran metales pesados y no se financió más esto”.
Si bien Chile ha incrementado su inversión en transición energética —con US$3,8 millones proyectados para 2025—, las organizaciones ambientales advierten que el proceso aún mantiene un enfoque extractivista, con proyectos que generan conflictos ambientales, culturales y territoriales, especialmente con pueblos indígenas.
A ello se suma el aumento sostenido de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Entre 1990 y 2022, el país registró un promedio anual cercano a 50 mil kilotoneladas de CO₂, siendo la industria energética y el transporte los principales responsables.
Actualmente, el Tratado Sobre Combustibles Fósiles cuenta con el respaldo de 17 Estados-nación y se proyecta como un complemento clave al Acuerdo de París. En ese contexto, el encuentro en Quintero busca abrir el diálogo desde los territorios históricamente afectados por la contaminación, instalando una consigna clara: “Chao combustibles fósiles. Soberanía energética ya”.
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